La historia de Catalina Rodríguez, la primera maestra de Lomas

Perseverante y bondadosa, recorrió los despachos oficiales con la meta de educar a los niños de “las chacras de Zamora”. Y lo logró.

“Catalina Rodríguez es una muchacha dulce, de mirar profundo y bondadoso, dotada de un espíritu inteligente y enérgico”.

Tiene muchas virtudes, pero sobre todo es de esas personas que no se detienen en la búsqueda de sus sueños. Catalina, acompañada siempre de su hermana Clemencia, mueve cielo y tierra con el afán de iniciar a los niños de “las chacras de Zamora” en el “ejercicio de un ordenado conocimiento escolar de que carecen”.

Si bien tropieza con la indiferente actitud de algunos funcionarios, logra la cristalización de su anhelo y se convierte en la primera maestra de la ciudad.

Así lo relata Juan José Manco* en la edición “Lomas de Zamora, estancia / aldea / municipio / ciudad, antología histórica lugareña” (2011).

“Nada puede detener a un maestro que quiera enseñar”

Vivió junto a su hermana en Manuel Castro 176. Estudió y conoció a educadores –como Sarmiento- que despertaron en ella una verdadera pasión por la docencia. Desea fervientemente iniciar a los niños de “las chacras de Zamora” en el “ejercicio de un ordenado conocimiento escolar de que carecen”.

Trabaja por ampliar el campo de la educación en una zona que siente crecer y proyectarse hacia el porvenir.

“Nada –decía- puede detener a un maestro que quiera enseñar”.

Catalina-Rodriguez

Una coyuntura difícil

Lomas del 1850. Diligencias y carretas atraviesan periódicamente las polvorientas calles del caserío rodeado de quintas y chacras. El aire se puebla muchas veces con el grito de postillones y troperos. La situación de la provincia es incierta y deja poco margen a inquietudes como la suya. Aun así visita los despachos oficiales para expresar su objetivo.

Se la ve siempre en Buenos Aires y en Barracas, en compañía de su hermana Clemencia –que no deja de alentarla. Algunos funcionarios son indiferentes ante su pedido, pero encuentra quienes expresan su apoyo.

Las primeras clases

En 1854 Catalina Rodríguez comienza a dictar sus primeras clases. Sus alumnos son hijos de chacareros y de trabajadores del campo y de las incipientes industrias regionales. Pero también concurren a su escuela los hijos de distinguidas familias.  Enseña en Las Tres Esquinas (Avda. Irigoyen y Pereyra Lucena hoy), en la calle, y en su casa.

Tropieza con obstáculos como la carencia de elementos indispensables para la enseñanza, -cuya provisión muchas veces se demora- obligándola a recurrir, con frecuencia, a la comisión de vecinos siempre pronta a cubrir el déficit oficial.

El 1º de noviembre de 1859 se funda en Lomas la Escuela Nº 1, de la que Catalina Rodríguez es su primera maestra y su director don Pedro Withe. La nueva escuela funciona en la quinta “Los Leones”, perteneciente a don Esteban Adrogué en las actuales calles Alvear y Las Heras.

*Juan José Manco, autor de “Adiós, viejo Lomas”, nacido en Lomas de Zamora habitó largos años en Banfield y tuvo una profusa labor tanto en el periodismo nacional como en el ámbito literario por largas cuatro décadas.

 

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